Estimad@s Visitantes, esta es una sección destinada a homenajear a los grandes locutores y gente de radio  que motivaron  de una u otra forma mi eterno noviazgo con este oficio. Es una simple visión personal que no tiene ningún valor histórico, menos académico y la única fuente son mis recuerdos, emociones, vivencias y unas cuantas cintas añosas que quise desempolvar.

 = Este ícono indica los artículos que incluyen audios.

Sin desconocer por ningún segundo la tremenda historia de la Radio, debo hacer hincapié que por una cosa generacional, soy de los que crecí escuchando principalmente FM. La Concierto de Julián García-Reyes,  Lolo Achondo, Gabriel Salas, Javier Miranda y John Gres. La Carolina de Petronio Romo, Mauricio Reyes y Miguel Davagnino.  La Galaxia de Juan Carlos Gil, Martín Rodríguez y Pirincho Cárcamo primero, Cucho Fernández, Jorge Stipicic, después. La Pudahuel de Patricio Bañados y Ricardo Neri;  La Splendid y luego Infinita de los Bezanilla con Freddy Hube, Fernando James y César Antonio Santis como voz ancla;  El Conquistador de la Familia Molfino con sus acorazados Hernán Belmar y Lorenz Young; La Andrés Bello del heroico Jimmy Brown, ejemplo de tesón y valentía. Radio San Cristóbal con la voz de Enrique Heine; La Umbral de Pedro Henríquez; La Clave con el maestro mexicano Carlos Montalban;  Mundo Stereo con Martín Rodríguez; y así tantos otros.

Pero también me di largos recreos por las emisoras AM: La Minería de El Reporter Esso con Pepe Abad, Hernaní Banda, Julio Martínez, Sergio Livingstone, Raúl Prado, Germán Gamonal. Radio Tanda con Anita González, Sergio Silva y William Rebolledo; La indispensable Cooperativa de Manola Robles, Sergio Campos y el notable locutor cubano Jorge Guerrero que  hasta hoy, desde el cielo, nos repite la hora; La Portales del Pato Varela, La Bandita de Firulete y Hogar Dulce Hogar; Radio Gigante de Don Francisco, Enrique González y Elías Gómez. EL Show de Noticias de la Santiago con la incomparable dupla Sapag y Pesce. La sin par Radio Cronos para los momentos de divagación. La Novisima;  La Colo Colo con Alodia Corral;  En Provincias, la Finisima  de los Hermanos Wagner en La Serena;  La Universidad del Norte (Hoy Sol FM) de Miguel Politis, Patricia Toro y Andrés Sabella; La Bío Bío de la Familia Moschiatti; La Canal 95 de Luis Pizarro; La Onda Corta de las Radios Moscú, Nederland, BBC, KGEI: La Voz de la Amistad. Las Radios Comunales, On Line o de circuito cerrado como Sinfonía, Carrizal, IACC-UNIACC, San Ignacio, San Luis.

NOTA: En los artículos de esta sección, he tomado algunas imágenes "prestadas" de la web. 

 

Petronio RomoDebe haber sido el año 1983. Me desempeñaba como novel operador de audio en una modesta sala de grabación del antiguo Instituto IACC. De pronto irrumpió un entusiasta Francisco "Paco" Linares, Presidente del Colegio de Publicistas de Chile, para advertirme  que dentro de una hora vendría su amigo del alma, Petronio Romo, a grabar unas frases para la promoción de un Seminario de la agrupación gremial que dirigía. Quedé perplejo, electrificado. Uno de mis ídolos desde la infancia estaría ahí en un puñado de minutos y lo podría conocer en vivo y en directo.  Y así fue. A la hora indicada, un regordete y bajito caballero estrecha mi mano con simpática caballerosidad. Sin ningún aspaviento se presenta con una voz más delgada y cerrada de la que tenía en mis registros.

William Conrad

 “Mucho gusto. Petronio Romo. Ud. dirá”. Todavía atónito y consciente de la responsabilidad de grabar a uno de los Grandes,  acomodé al ídolo en el humilde locutorio, tratando de hacerlo sentir lo más cómodo posible frente a un desvencijado micrófono Electro Voice. Ya de regreso en la sala de control me empodero de la situación y con máxima convicción espeto un “Listo Don Petronio. Cuando quiera probamos niveles”.  De ahí en más para mí todo sería admiración y reconocimiento a este personaje que no sé por qué, lo asociaba al protagonista de la Serie Televisiva Cannon,  William Conrad.  (EN LA IMAGEN DE LA DERECHA)

El largamente criticado micrófono y merecedor de  los males de todas las grabaciones anteriores, “sonó” como nunca. La poderosa proyección de la voz de Don Petronio, me hizo saltar sobre los controles para atenuar la intensidad y tener algún manejo sobre los niveles de grabación. En nada, ya tenía la medida justa. Su voz de prueba fluía con armonía, precisión en cada letra y una estabilidad asombrosa que hacía picar el indicador VU cerca del 0 db sin sobresaltos. “Estamos listos. Cuando quiera”.  Su respuesta de “Ud. manda Pepe”, me hizo sentir importante (Ud. manda) y cercano (Pepe. Ya le era familiar). Levanté y luego bajé mi brazo con el clásico gesto que indica el inicio de la grabación.

La Grabadora de Reel Akai GX 4000 giraba con elegancia y mis manos aún temblorosas en el cronómetro medían la locución que debía durar 30 seg.  De reojo, Reel Akai GX 4000miraba a través del Vidrio Doble que separaba las dependencias y advierto como Don Petronio se desliza por el texto con gracia y haciendo unos convulsionados y extraños giros  con su cabeza que lo alinean y desalinean con el micrófono, para deshacerse en vivo de los excesos de aire de algunas consonantes impulsivas que pudieran “popear” el micrófono y estropear la grabación.  Apreté el stop y la aguja del cronómetro analógico marcaba 33 segundos. Él levanta su cabeza y me pregunta ¿Cómo anduvimos Pepe?  Con la misma familiaridad ¡Súper bien Don Petronio! No más que estamos un poquito pasados en el tiempo. Se acomoda en la silla y me dirige un sorprendido y gracioso comentario “Ah, esta lesera es con tiempo. Me hubiesen dicho antes”. Me asustó un poco su frase 

Petronio Romo

pero por suerte su amigo de toda una vida, Don Paco, salió en mi auxilio. Sí, Romo, la frase debe durar 30 seg.  Ok responde… Toma 2. Click 00:00:00. Retumba la última palabra del texto que era… Publicistas de Chile… click 00:30:00. ¿Qué tal ahora Pepito? Paré la grabadora. ¡Estamos listos! Obviamente no tenía ningún sentido seguir con la sesión. Mientras él se desembarazaba de la silla y se incorporaba. Yo pensaba con "rever" en mi cabeza… ¡Se pasó el viejo! ¡Maestro… tienen un compresor en la garganta, un amplificador en sus cuerdas vocales, un anti pops incorporado y un cronómetro en la cabeza. Ídolo! La frase estaba perfecta. Sólo para asegurarme que la máquina había grabado, retrocedí y reproduje los 30 segundos como un saludo a la bandera al cual Romo no prestó mucha atención. Él sabía perfectamente que la frase estaba en su punto.  Con la misma simpatía y donaire, estrecha nuevamente mi mano con un cordial “Muchas gracias Pepito, que le vaya bien”. Fue el primero  de varios encuentros con la leyenda viva de la locución chilena. Vinieron otras grabaciones y el proceso fue más o menos el mismo. En la toma 1 él regulaba su cronómetro y metrónomo interno, y en la dos todos sus sentidos se coordinaban para hacer un trabajo digno de un ser de otro planeta.

Aquí les dejo algunos fragmentos de locuciones del Gran Petronio Romo.

Un locutor excepcional y una bellísima persona. 

 

 
 

Eleodoro AchondoMe pasé muchos días pensando en una estrategia, más bien un pretexto para dejarme caer en la gloriosa Radio Concierto (la de los setentas y ochentas) y poder absorber cada hebra de lo que pudiera vivenciar en los Estudios de Roberto del Río 1750, Providencia. Sin más que la poca imaginativa idea de estar haciendo un trabajo de investigación sobre la radio para el colegio, enfundé mi grabadora portátil de cassette Panasonic y las emprendí en medio de los bamboleos de la liebre Bilbao - Lo Franco (gran recorrido). En el trayecto pensaba en todas esas tonteras que masticamos los fanáticos de la radio con obsesión… marcas y cantidad de equipos, micrófonos, mesas, procesadores, tratamiento acústico, aislación, enlaces, etc. Pero también pensaba y me atemorizaba la idea de cruzarme con Dios, Julián García-Reyes. Y aquí me detengo. 

Cada vez que escuchaba los pensamientos de la hora en la Concierto, me decía… Si Dios habla esa debe ser su voz. Pausado, sereno, profundo, cálido, reflexivo. Todo en un contexto de freak contradicción absoluta… Una Radio de nombre Concierto que jamás tocó un concierto (en su sentido clásico). Y que después que “hablaba Dios” con un mandato directo al espíritu, irrumpía un irreverente Rock and Roll de Led Zeppelin o, peor aún, una andanada demoniaca de guitarras encabezadas por la voz inconfundible de Ozzy Osbourne y su Black Sabbath.Ozzy Osbourne Programas juveniles conducido por un caballero (Eleodoro Achondo) que sobraba en años a mi propio padre y que obviando el espíritu, de joven nada. Seguramente por eso, le decían Lolo. En fin, probablemente todos esos quiebres sistemáticos a la lógica y el sentido común, son los que cimentaron una de las emisoras más exitosas de nuestra radiodifusión, dotándola de una identidad y fidelidad de audiencia como pocas veces hemos visto-oído.

Pero también especulaba sobre la posibilidad de toparme con el genio silencioso de Juan Enrique Amenábar, el chef del variado menú gourmet de la programación de la emisora. Recordemos que por aquellos años setentas se programaba ahí mismo, en directo, con los sentidos puestos en las señales del día a día. Frío, calor, llamados telefónicos, un estado personal, determinaban la siguiente canción… y la otra y la que vendría después. Pero volviendo a mis “temores” de preadolescente,  también evaluaba las posibilidades de un encuentro con el mismísimo Lolo Achondo, Gabriel Salas o Javier Miranda. Por cierto, todos y cada uno de ellos verdaderos ídolos como lo son hoy Alexis Sánchez o Arturo Vidal para un fanático de la Roja.

Presiono el botón. ¡¡¡Riiing!!! Me hacen pasar. Cruzo la mampara y una más que buenamoza secretaria con el garbo de  una azafata de Panam me recibe cordialmente. Tartamudeo mi poco convincente explicación y me pide que espere. Miraba para todos lados y no había nada que me llamara mayormente la atención. Mas no había decepción, sólo ansiedad.  Sí, escuchaba el murmullo de los tornamesas “ripiando zurcos” y la voz de Achondo, filtrándose muda entre las paredes. Al rato, vuelve la secretaria-recepcionista-aeromoza y me invita a pasar. Visitamos el Estudio del Aire (Tornamesas Technics y Garrard; Open Reel Ampex y Akai; Micrófonos Neumann U-87 y AKG 414; El codiciado procesador Orban; La consola de transmisión que no pude distinguir su marca, pero era de verdad y en nada se parecía a mi humilde mixer de 4 entradas comprado con el ahorro de 10 mesadas). Luego pasamos por la Discoteca que estaba vacía… vacía de personas, porque los más de 8 mil LPS me hacían guiños. Finalmente, el Estudio de Grabación. Era el Éxtasis total que sólo fue quebrantado cuando un caballero calvo, Neumann U-87delgado y de lentes gruesos se dirige a mí con voz estentórea como si estuviera hablando en la radio. ¿Ud. es el colegial que está haciendo un trabajo? En milésimas de segundos trataba de decodificar si ese vozarrón venía realmente de ese cuerpo tan menudo o era un efecto del control de turno para jugarme una broma. Sí, yo soy respondí. De ahí se vino una larga y documentada conversación en la que Don Eleodoro, sin salir de su estampa de auténtico gentleman, en un tris se paseó por décadas de radio que perforaron mi cabeza y evidenciaron toda mi brutal ignorancia. Fue tal mi asombro que no me atreví siquiera a oprimir el REC de la grabadora e incluso me pareció un poco burdo estar grabando. Era una conversación no un programa.   Ahora que lo pienso, personajes tan admirados como Petronio Romo o, en este caso, el Lolo Achondo, daba lo mismo lo que dijeran. Lo importante es que por algunos minutos estuvo frente a mí y fui el receptor exclusivo y privilegiado de una transmisión personalizada y dedicada. Por algunos minutos fui su único fiel auditor. ¿Qué más se podía pedir?… quizá conocer a Dios en “persona”... y eso ocurriría muchos años después.

 

Por mientras, una muestra del trabajo del queridísimo Lolo Achondo.

 
 

Julián García-ReyesHablar de Julián García-Reyes, es derechamente hablar,  más allá de uno de los genios y figuras de nuestra radiodifusión, de un notable ser humano. Desde muy cabro chico toda mi admiración por su trabajo nunca me había permitido tener la posibilidad de siquiera verlo en persona. Menos conocerlo. Pasaron muchos años y ya bien adulto, los astros se alinearon para aquel memorable encuentro. Para ser franco, no recuerdo bien cómo se fraguó aquello. Mi teoría más cercana es que creo me inventé una excusa para saldar esa cuenta pendiente. A fines de los 90, elaboré un programa piloto para la Radio Horizonte, su chiche por aquel entonces, a la sombra de una Radio Concierto desorientada por el cambio radical que impuso el arribo de Rock & Pop y otras emisoras juveniles. Así, logré concertar una entrevista en los Estudios de Av. Los Leones con Pocuro. 

Con una cordialidad inusitada me recibió en su oficina. Un lugar acogedor y cálido, como él. Quizá, la coincidencia de haber sido profesor de sus hijos Catalina yChristian Warnken Julián, me hacían algo más cercano. La cita duró más de dos horas. Del programa piloto, hablamos los últimos 5 minutos. La verdad es que ni a él ni a mi nos interesaba mucho ese asunto. Recuerdo con claridad que uno de los temas mejor desarrollados fue el del, por ese entonces, estado crítico de la Radio Concierto que trataba de despojarse del Desembarco de los Ángeles. Un proyecto identificado con Christian Warnken que aún hoy no es evaluable. Creo que en unos años más la audiencia quizá sí esté mejor preparada para el juego poético, filosófico e irreverente al que nos invitaba. Se adelantó a su tiempo. Así, ambos compartíamos el dolor de la caída.

Luego, haciendo referencia a la revolución que produjo en el dial de las juveniles, Rock & Pop, me preguntó de sopetón: ¿Pepe, y tú qué habrías hecho? Aunque nunca pensé en aquello. Respondí con vigor y certeza: Nada. No habría hecho nada. Quizá por torpeza, quizá por fanatismo ciego, pensaba que la Concierto original era tan fuerte que una vez pasada la moda de las nuevas duplas parlantes (esa generación de gritones y muchas veces ignorantes), ésta emergería nuevamente en todo su esplendor. Algo así como fondearse para capear la tormenta. Sin obcecarme ante la evidencia que la radiodifusión chilena tuvo un giro radical a comienzos de los noventas,  con ajustes más, ajustes menos… sigo creyendo en la existencia de un espacio para aquella Radio Concierto.

En nuestra conversación, pude comprender aquello que motivaba ese estilo tan peculiar de los pensamientos y reflexiones en medio de una programación juvenil. Fue la forma que encontró Julián García-Reyes para agradecer, desde sus creencias, el haber zafado de una situación crítica de salud que lo arrancaron del mismísimo límite entre la vida y  la muerte.

Nos volvimos a encontrar un par de veces. Yo, ya había cumplido mi anhelo de conocer a este  hombre excepcionalmente sensible.  Un talento de la radiodifusión. Un visionario y notable empresario. Un hombre de radio de tomo y lomo.  Pero, lo más importante, había conocido a la voz de Dios.

Aquí, una pequeña muestra memorable de Julián García-Reyes.

 
 
 

Con la sola excepción de los comentarios de Luis Hernández Parker en la Minería, y que se escuchaban en sagrado silencio en los almuerzos familiares del día sábado, mi padre no se movía de la Andrés Bello y El Conquistador. Y es algo que agradezco infinitamente. Gracias a eso, tomé gusto por la buena música clásica y también orquestada, esa que llaman de supermercado en un sentido muy despectivo. Puede haber de todo y de hecho lo hay, pero a mi juicio, hay cosas más que rescatables en varios de sus exponentes. Por lo pronto, bastante más de lo que puedo encontrar en los “arreglos” casi inexistentes del Reggaetón. Se trataba de dos radios claramente orientadas a adultos de gustos selectos.

Sin embargo, no teniendo más de 10 u 11 años, las escuché muchas veces por decisión propia. Sintonizar esas emisoras, indefectiblemente era reparar en  tres voces de inconfundibles caballeros: Jimmy Brown por la Andrés Bello. Hernán Belmar y Lorenz Young por El Conquistador. Mi admiración por Jimmy Brown, confieso que inicialmente  estuvo motivada desde la pena por su condición de no vidente. Me parecía increíble que pudiera decir tantas cosas de memoria. Sin embargo, el tiempo fraguó un cariño auténtico y libre de prejuicios por su forma tan especial de hablar. Ese fraseo lento, ceremonioso y con inflexiones quebradas de: “Galletas McKay más ricas no hay” me acompañará por siempre. El heroísmo de mantener “parada” una emisora no preparada para subsistir en el brutal modelo comercial imperante en Chile, merece todo, todo mi respeto. Para los avisadores la Andrés Bello, no era precisamente una tentación. A pesar de ello, la radio se mantuvo muchos años gracias a donaciones de los amigos de la música docta y del mismo Brown que aquí rindo homenaje.

 

Audio e imagen gentileza de Carlos Jorge Torres  http://discotecaotonal.blogspot.com/

 

En cuanto al Conquistador, su impoluta puesta en el aire siempre llamó mi atención. Las intervenciones de Belmar y Young, voces de matices muy parecidos entre si, y que mantuvieron el sello de la emisora por más de cuatro décadas, fluían con señorío confabuladas en un todo armónico de una programación de estilo linajudo, fino y elegante. El Conquistador, era el Rolls Royce de las Radios FM. Ese sólo hecho generó en mí unas tremendas expectativas que debía contrastar en vivo. Y así no más fue. Con mis doce años, me subí a una de las destartaladas micros Canal San Carlos, para llegar a sus estudios en Augusto Leguía en la Comuna de Las Condes. Iba muy asustado y pensaba que mi único pantalón de vestir que era el gris del colegio, combinado con una camisa a cuadros bien planchada y un prolijo peinado a la gomina, no serían suficiente argumento para sortear la entrada de palacio. Me equivoqué. Me recibieron de lo más que hay. Con los años he llegado a pensar que debo haber sido el único niño que se le ocurrió ir a meterse a una radio de adultos y quizá esa novedad me favoreció. Mis pies todavía guardan el recuerdo de la alfombra más mullida sobre la cual se han posado jamás. Todo era elegante, limpio, distinguido. El Estudio Master era como estar en la NASA o un Laboratorio. Todo inmaculado… y el Neumann U-87 brillaba como amo y señor en un locutorio de arquitectura y estética impecables. Me hicieron el típico tour y pude presenciar la transmisión al aire por unos cuantos minutos, admirando un despliegue tecnológico impensado para la época (1975). Rápidamente quedé hipnotizado con el giro de los carretes de unas grabadoras AKAI GX-630D PRO que nunca más volví a ver en parte alguna. Una mirada más aguda en modo macro, distinguía con envidia las cápsulas Ortofon que coronaban el sinuoso y largo brazo de las tornamesas. Digámoslo con todas sus letras… era otro nivel. Y convengamos que se notaba con creces. El Conquistador sonaba como los dioses. Y Lorenz Young era uno de sus ángeles parlantes. No conversé con él, pero ese día estaba ahí sentado, con toda su prestancia de Lord inglés, repasando un libreto. Quizá, sería este mismo del inicio de Solos en la Noche o de  Magazine, programas  emblemáticos de la emisora que los invito a paladear.

Presentación Solos en la Noche - Lorenz Young

 

 

Cierre de Transmisiones - Hernán Belmar

 

Imagen gentileza de  Carlos Jorge Torres  http://discotecaotonal.blogspot.com/

 

Agustín "Cucho" FernándezMi paso por la emblemática Radio Galaxia en los estertores de su existencia (1994-1995), estuvo marcada a fuego por haber compartido con otro verdadero personaje de nuestra radio. Agustín “Cucho” Fernández, debe ser sin lugar a equivocaciones uno de los profesionales más completos que he conocido en mi deambular radiofónico. Cuando llegué a la casa que albergaba sus estudios en la calle ciega Dr. Torres Boonen en el Barrio del Hospital Salvador y me lo presentan como mi jefe, tenía meridiana claridad de frente a quien estaba. Me hace pasar a su oficina atiborrada de papeles, libros abiertos y otros a medio abrir que circundaban su inseparable máquina de escribir. Nos tomamos un café al ritmo vertiginoso de sus comentarios e instrucciones. En unos minutos, sentía que lo conocía de toda la vida. Pero lo más gratificante fue percibir su confianza profesional que me acompañó hasta el final de nuestra estadía conjunta en la emisora, hasta que dio paso al actual proyecto de  Radio Duna.

Cucho Fernández, de alguna manera, era un sabelotodo. Esa cualidad le permitía escribir con gracia y documentada precisión, libretos contundentes, llenos de datos, alegorías y de una simpatía que incluso superaba a la que trasuntaba en su propia forma de ser “en persona”. Detrás de esos lentes que escondían una miopía de aquellas, estaba el rostro de un hombre sencillo, afable y sano. Una buena persona. Pero a no confundirse, en la pega, Cucho era una tromba. Dotado de un entusiasmo y ánimo que nunca había visto en mi vida, era capaz de hacer y rehacer un trabajo cien veces hasta dar con la perfección.

Recuerdo que todos los viernes a media tarde, me esperaba para entregarme el libreto que grabaría para un programa que se transmitía los domingos entre 18 y 20 hrs. Se trataba de un ensamble de noticias coincidentes con la época o año de popularidad de las canciones que se alternaban. Entre los locutores, sabemos que cuando nos equivocamos mucho en un texto, en general, es porque está mal escrito. Pues bien, los libretos de Cucho Fernández, fluían como el agua de un río presuroso. Los grababa de un tirón con el beneplácito del gran radiocontrolador Ramón. Su pluma era tan certera y adiestrada a la radio, que en pocas palabras sintetizaba las ideas centrales. Debo haber grabado más de 50 capítulos y no recuerdo haber tenido que hacer grandes enmiendas o correcciones. Con el tiempo, pasé de sólo leer los libretos a ensimismarme y entretenerme de buena gana con ellos. De alguna manera, me convertí en un digno intérprete de sus amenas composiciones.

Si bien nuestra interrelación estuvo netamente asociada al binomio Jefe-subordinado, y que después de la Galaxia nunca más nos volvimos a ver, cada vez que lo escuchaba o sabía de él en sus nuevas andanzas, me producía una gran alegría comprobar que seguía activo a sus ya buenos años de carrete radial. Regularmente lo sintonicé en las noches de Radio Cooperativa.

Cuando me enteré de su fallecimiento en el año 2010, lamenté mucho su partida. Sin embargo, me quedé con la convicción que Cucho Fernández había cumplido en modo superlativo su misión en este mundo, formando a generaciones de gente de radio y contagiándolas con su sin par vigor, alegría y entusiasmo. 

Fotografía: Gentileza de Diario La Segunda. 

 

Santiago de NochePara los fanáticos y trasnochadores que nos quedábamos escuchando hasta tarde y, por qué no decirlo, al acecho por si podíamos grabar alguna canción buena sin etiqueta, el cierre de las transmisiones era un momento especial. Sí, porque nos invitaba a “despegarnos” y renovar fuerzas para estar alertas al día siguiente por lo que pudiera pasar en el dial. Y las emisoras se prodigaron en finales reflexivos. Probablemente siguiendo la tónica de la que marcaba tendencias, la Concierto, también hubo otras radios que hicieron lo propio. En lo personal, guardo un gran cariño por el cierre de Radio Pudahuel que, valga el apunte, no tenía nada que ver con lo que es hoy. 

De muestra un botón. A mediados de los setentas tenía un programa notable conducido por el mismísimo Patricio Bañados. Se tocaba música dePatricio Bañados vanguardia, especialmente rock, y Bañados hacía cómoda gala de sus conocimientos sin llegar al matonaje intelectual. Un tipo afable y simpático que fue capaz de hacer una reinserción natural a su regreso a Chile desde su periplo profesional por Europa ( Radios Nederland, BBC, Suiza Internacional ) y Estados Unidos. Vaya cómo se extrañan conductores de programas de ese calado intelectual y variedad de recursos en las emisoras juveniles del presente. Pero, volvamos a lo nuestro. Pudahuel, cerraba el día con los pensamientos “Desiderata” (anónimo) o “Si” (Rudyard Kipling) y luego “pegaba” la magistral versión smooth jazz de Bob James de Una Noche en el Monte Calvo de Mussorgsky, para decir hasta más rato. La voz de todo aquello, era la de Ricardo Neri.

 

 

Radio El ConquistadorEl decano de nuestra radiodifusión FM, también hacía lo suyo. El Conquistador, con un estilo siempre compuesto, sobrio, sutil, y en el polo opuesto de la estridencia, nos invitaba a descansar con las palabras de Hernán Belmar.

 

 

Y aunque el próximo audio no corresponde exactamente al cierre, sí es la antesala del final. La despedida del Club Galaxia, el equivalente a Concierto Discotheque, Fiesta en la Ciudad, Carolina Discotheque, etc. en la Radio Galaxia. La voz, corresponde a Martín Rodríguez quien identificó a la emisora por muchos años.

 

 

Para el final de estos recuerdos de los cierres de  transmisión, comparto con Uds. los créditos finales de Radio Concierto en las voces de Eleodoro Achondo, Javier Miranda, Gabriel Salas y Julián García-Reyes.

 

Carlos Montalbán

Todas las pasiones por algo  tienen su origen en alguna parte y conllevan inevitablemente un sentido que nos moviliza. Lo habitual es que también se encarnen en personas que representan un referente avanzado de su expresión. Los que ejercemos este oficio-profesión (Nunca me he detenido a distinguir su diferencia conceptual), al igual que los niños que idolatran al artista y/o futbolista de moda, tenemos voces madres que de alguna forma nos han asombrado y que hemos querido emular. Como en todos los aspectos de la vida llevar a la práctica ese proceso de identificación es un juego que tiene etapas. Primero, quisiéramos ser iguales e intentamos imitar esa voz. Sin embargo, a poco andar, nos damos cuenta que ello no es posible. Las voces, son como la huella digital. No hay dos iguales. Entonces, el verdadero aporte de ese proceso, tiene que ver con la inculcación del gusto, la pasión por el micrófono. Después, buscamos nuestro  estilo que imprima un sello. Ahora es innegable que todos adaptamos algunas de las claves que encontramos en esos locutores aventajados.

A parte de las voces nacionales que ya he destacado largamente en esta sección, hay dos locutores extranjeros que merecieronRicardo Montalbán mi admiración. Carlos Montalbán y John Gres. El primero, lo conocí de la manera más inverosímil imaginable y mucho antes de enterarme que era la voz de Marlboro para Latinoamérica y hermano mayor de Ricardo Montalbán (El Señor Roarke de la Isla de la Fantasía). Yo tenía 14 años, vivía en Antofagasta. Un día cualquiera, mi padre saca de su maletín una suerte de cajita con forma de libro muy bien presentada que deja sobre un arrimo del living. Se leía en su tapa Curso de Administración por Objetivos del Doctor George Odiorne, Decano y profesor de Massachusetts University. Para ser franco, el título me pareció aborrecible y no despertó ni mi más mínimo interés. Tampoco entendía mucho a qué se refería el tema y menos aún, quién era el citado Doctor. Luego de un par de días y en uno de esos momentos de perfecto aburrimiento en que el único panorama era mirar por la ventana del décimo piso del Edificio Centenario el revoloteo circular de los Jotes sobre la Plaza Colón al son de la melodía del Mini Big Ben que repicaba cada 15 minutos, tomo en mis manos este extraño libro. Con más atención, descubro que en realidad era un estuche que contenía en su interior seis cassettes. Ante esa latente e innata  curiosidad no revelada de los hijos de saber en qué andan sus padres, extraje una de las cintas y le puse play.  Con la posibilidad de arrepentirme en los 3 segundos que demora en pasar la cinta líder del comienzo y final de las cintas, se escucha en los parlantes una peculiar voz gruesa y nasal. Mi primera duda fue… qué extraño que este Doctor Odiorne hable tan bien español si la referencia del estuche indica que él es estadounidense. A poco, entro en la cuenta que no es él realmente el que habla e inmediatamente me sorprende la capacidad de interpretación del locutor en cuestión. Entre los papeles adjuntos del estuche, figuraban los nombres del traductor y de la voz. Se trataba de Carlos Montalbán. Me pareció tan convincente y tan simpático el fraseo de este señor, que no pude dejar de oírla. Y aún, no entendiendo casi nada del discurso, en los días sucesivos me escuché los seis cassettes por lado y lado. Al diablo con Odiorne y bienvenido Montalbán. Lo importante no era el qué, si no el cómo. Lamento no tener esas cintas que se perdieron en el tiempo y los cambios de casa. Igualmente lamento que no haya material de Montalbán disponible en la web. En Chile, fue voz de Radios Infinita y La Clave. Sin duda y tal como lo declara el mismo, Iván Loscher, la voz de HBO, se encuentra entre uno de los más fieles seguidores del estilo incomparable del mexicano Carlos Montalbán, quien falleció a comienzos de los noventas.

El recuerdo para un pedazo, pedazo de locutor.

 
 
 
 
 
 
 
 

John GresA John Gres, lo ubicaba de más chico. Su menuda apariencia me era familiar de unos programas que se emitían en blanco y negro por Canal 13 a comienzos de los setentas. Era uno de esos programas regalados y que servían para rellenar programación en aquellos años de escases de material de producción local. Se trataba de algo así como un noticiario de la OEA u ONU, ya no lo recuerdo con certeza. Ahí, destacaba este cubano con una dicción muy especial de las “eses” y “cehaches” que las hacía sonar redondas, claras, perfectas. Gres, fue durante un par de décadas la voz de las sinopsis o trailer de  películas de cine. Así su referencia sonora, en mi caso,  está más ligada al séptimo arte que a la radio.

 De todas formas, fue locutor durante varios años de Radio Concierto, reafirmando la frase-concepto de la emisora, Por el Camino de la Paz. Del mismo modo, lo asociamos a algunas marcas que lo utilizaron como voz de identificación (una buena costumbre en lamentable desuso). En nuestro país, el caso más claro es el de la multitienda Ripley con sus campañas bajo el eslogan “lo mejor de cinco continentes”.

Pero Gres, por la calidez y textura aterciopelada de su voz, gruesa pero suave a la vez y distante de los tonos graves más metálicos, encontró un nicho muy interesante en la declamación de poemas, pensamientos y reflexiones.

Aquí, una muestra de la flexibilidad de John Gres.

 


Mi querida Radio Universidad del Norte (actual Sol FM) de Antofagasta, marca mi inicio en el “profesionalismo”. Si bien tenía la experiencia de la operación, junto a mi entrañable amigo Lincoln Rivas M., de  lo que hoy conocemos como una Radio Comunal, por aquel entonces   Radio Pirata o Clandestina con la que algunos años antes (1975-1976) jugábamos en Santiago (algún día me referiré a ello), mi arribo a la única emisora FM de La Perla del Norte  fue bastante obvio. Era el típico cabro que ponía música en fiestas y “rayaba” con la Radio. Así, con bastante frecuencia me dejaba caer en los Estudios emplazados al interior de la misma Universidad en Av. Angamos. La excusa era llevar algunos discos que ellos no tenían para que pudieran variar un poco la alicaída discoteca. Conversaba con todos y hacía mis mejores esfuerzos para caerles en gracia. 

En 2005, uno de esos alumnos que cargan con la incomprensión del talento y la búsqueda innata del saber, Marcelo Gormáz, me convocó para colaborar en su Proyecto para obtener el Título de Comunicador Audiovisual. El resultado, una interesante tesis que proponía el uso del audio como fuente de conocimiento. Específicamente, la idea de Marcelo junto a Elías Garay, era materializar una Enciclopedia Parlante de la Historia del Rock en una serie de Volúmenes (CD), de tal manera que los interesados pudieran escucharla cuantas veces quisieran para aprender del desarrollo de este estilo musical. En concreto, Marcelo, hizo el Capítulo correspondiente al Rock Progresivo.  Aquí, comparto con Uds., esta interesante propuesta sin antes reflexionar sobre qué distinta sería la radiodifusión de hoy con aportes de contenido como este. Tómense su tiempo, disfrútenlo y, de pasada, conozcan a los principales exponentes de este importante acápite del desarrollo de la música Rock.

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